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Una novela videojuego

Creo que la reciente novela Los muertos, de Jorge Carrión, reseñada por Juan Goytosolo en El País, ofrece un modelo para el narrador/cronista que quiero ser del proyecto trasmediático. Por ahí se puede encontrar una salida a mi bloqueo. Se trata de una obra literaria que podría ser leída como el guión o la crónica de un videojuego, En todo caso corresponde a lo que yo llamo: una literatura derramada, es decir, una literatura que se deja impregnar por la lógica del ciberespacio y la promueve para aquéllos que todavía vivimos más en la frecuencia del segundo o tercer espacio antropológico: el de la escritura

¿Puede una novela dar cuenta del “performance” de la vida?

En su última novela (Alfred y Emily), Doris Lessing cuenta la vida que pudieron tener ella y su familia, la que hubieran querido tener si hubiesen podido elegirla.

Es sabido que un hecho mínimo, a menudo imperceptible, determina nuestra suerte: abrir o cerrar una puerta, tomar hacia la izquierda o la derecha, responder o no al teléfono o leer o no una carta hacen que nuestra vida sea una y no otra. Lessing decidió volver atrás, a ese punto decisivo, y encausar a sus padres por una senda no tomada. Así en esta versión imaginada, Alfred busca y encuentra la felicidad en el campo, en la Inglaterra rural, y son sus hijos, no Alfred, quienes son al fin llamados a luchar por su patria en las infernales trincheras de la Primera Guerra Mundial; Emily se casa muy joven con un médico prestigioso (el amor de su vida en el mundo real), pero su vida será no la de un ama de casa, sino la de una mujer independiente que, sin tener hijos propios, ayuda a los hijos de los otros, lucha contra la crueldad a los animales, funda escuelas innovadoras y, durante la guerra, crea refugios para mujeres y niños. Las vidas soñadas de Alfred y Emily (los verdaderos padres de Doris) se entrecruzan pero no se unen. La versión histórica es menos feliz. Alfred pierde una pierna durante el combate, se casa con Emily, y juntos emigran a Rhodesia donde, con poco éxito, instalan una granja.

La reflexión:
Esto que hace la novela, ¿no termina acaso cosificándose en el libro mismo como objeto? Ya se sabe: la flexibilidad de resultados de un performance es función de la plataforma y el libro es la menos flexible de ellas, pues tiende a fijar la base semántica. El hipertexto, en cambio,  sobre todo el hipertexto dinámico, podría cambiar las cosas, pero también lo pueden hacer, a su modo, otras plataformas como los juegos de rol, la narrativa trasmediática, Narratopedia, Second life, y en general los mundos virtuales

La realidad es sólo ficción (¿o espectáculo?)

Somos el relato que producimos de nuestras vidas, esto quiere decir que no basta con vivir la(s) experiencia (s), sino que es necesario contarla (s). De hecho todos los días les relatamos a otros lo que creemos que vale la pena comunicar de nuestra experiencia. En ese acto cotidiano está implícito todo un mecanismo discursivo que implica seleccionar de lo vivido lo que creemos que tiene o contribuye a darle sentido a nuestra vida: alguna novedad, alguna lección aprendida, algún hecho doloroso o excepcional. Si nos situamos del lado del interlocutor, debemos estar atentos, no tanto al acontecimiento narrado, sino al por qué el narrador ha seleccionado justamente ese acontecimiento y al modo como es expresado.

Pero si además nos persuadimos de la necesidad de registrar ciertos acontecimientos (o para decirlo de la manera antigua: si nos persuadimos de dejar memoria de ciertos hechos), estamos elevando la categoría a dichos acontecimientos. Escribir exige mucha más conciencia del sentido de los hechos, es un esfuerzo tan grande que sólo ciertos eventos pasan el filtro de la escritura. Quienes hemos hecho un ejercicio constante de escritura sabemos que muchos acontecimientos que al comienzo parecían narrables se diluyen y se debilitan a la hora de ser expuestos a las exigencias de la escritura. En realidad, escribir es ofrecer un sentido complejo y fuerte a los hechos ocurridos y por eso en algunos casos descubrimos en el camino que algunos son triviales o insignificantes.

Pero la escritura es mucho más que registro o memoria supletoria, es un acto comunicativo que está definido por  la mediatez, es un acto cuya recepción se difiere en el tiempo y eso hace que, al momento de la producción del texto que contiene el acontecimiento, el escritor prefigure, anticipe ese acto comunicativo que sólo la lectura podrá actualizar. Pero ese carácter mediato convierte la recepción del texto en un acto interpretativo y perverso en el que el lector decodifica primero y le da su sentido personal después a lo leído.  Todo esto aleja el texto de la presentación y lo convierte en representación: representación de lo vivido, representación de lo leído.

Representar no es presentar, ni siquiera es presentificar; esto quiere decir que lo vivido no puede volver y por eso es necesario asumir que lo escrito es también una manera de ordenar el caos de la experiencia y en ese intento se traicionan los hechos. Los escritores conocen ese poder de la escritura y de la narrativa que obliga al narrador, por efecto de las lógicas intrínsecas de la narración, a traicionar lo vivido, lo que curiosamente acerca el género de la crónica a la ficción.  O de otro modo, la ficción nace de la conciencia de que nada puede volver a ser presentado

La pregunta que por lo tanto debe evitar el lector es si todo lo escrito aquí ha sido vivido “literalmente” por el escritor; la pregunta que debe hacerse el lector es más bien: qué sentido tiene lo narrado, esto es: qué aporta al sentido de la vida, qué lección deja, qué anticipa, qué tipo de identificación o de  antipatía produce y por qué, pues todo escrito no es más que un pretexto, una invitación para ese diálogo que se empieza a dar sólo cuando el lector se compromete con su actualización.

En ese orden de ideas, los nuevos medios digitales interactivos son más potentes por dos razones, porque son más inmediatistas, es decir, se disponen mucho más rápidamente a ese dialogo, y porque pueden hacer uso articulado de otras morfologías que enriquecen la “presentación” de los hechos. Pareciera entonces que el medio más adecuado fueran los blogs, pero esto no hace más que acentuar lo que Paula Sibilia llama “la crisis de la ficción”, uno de las caras de la espectacularización de la intimidad:

“En general, lo que sucede en los blogs o fotologs standard, es que se genera una obra donde el principal contenido es el yo, la vida propia. Y cuando se producen obras en sentido tradicional –textos, fotos– valen en la medida que contribuyen a adornar la imagen del autor-narrador-personaje. Pasa, por ejemplo, con los autores que no tiene obra pero si autobiografía, donde la principal obra es el personaje”

Soledad

Va y viene como las olas del mar y como ellas a veces se posa tranquila sobre la playa, como cuando nos botamos sobre el prado de algún paraje a ver andar las nubes su despiste caprichoso o como cuando nos descubrimos inesperadamente en medio de la casa sin el ruido de los niños, sin las voces del hogar y gozamos un alivio regalado que nos anima a inventar algún poema. Soledad sumisa que nos lame los pies como perro amilanado.

Va y viene como las olas del mar y como  ellas a veces irrumpe furiosa como cuando nos despertamos de sùbito en una habitación ajena, a miles de kilómetros de los amados y no sabemos cómo vamos a sobrevivir el dìa sin la caricia del amante, sin la sonrisa del amigo, sin las palabras cariñosas de la madre. Soledad insidiosa que se aprovecha de su fuerza para aplastarnos hasta la muerte y que nos muerde con la rabia de un  perro traicionero.

Va y viene como las olas del mar y como ellas a veces nos envuelve juguetona, nos conduce gentilmente a sus profundidades y nos devuelve  a la superficie para volver a hundirnos en sus aguas como cuando decidimos dar un respiro en el trabajo o en el amor y después de un rato salimos corriendo en busca de ese abrazo que nos recuerde que somos requeridos. Caprichosa soledad que nos bate la cola como perra interesada.

Va y viene como las olas del mar y como ellas a veces nos  violenta con el ímpetu de un sunami, arrasa nuestro fuerte, destroza nuestras resistencias y acaba con nuestras pocas guardas, como cuando el amor nos deja o nos abandonan los amigos o nos recluyen los enemigos. Soledad tirana que escupe su fuego inmisericorde como dragón endemoniado.

Se nos va el Ramón

Llegó un día de mayo proveniente de México en la época en que ser mexicano era más o menos ser portador de la peste bubónica por efecto de la perversa propaganda alrededor de la gripe AH1N1. No voy a decir que no tuve prevención cuando lo saludé por primera vez, pero la magia de las afinidades y el calor de su trato disolvieron para siempre los escrúpulos. Me pareció muy joven para lo que imaginé que era por las conversaciones virtuales previas, pero detrás de esa apariencia real (un chino de poco más de 30 años), fui descubriendo a un hombre sorprendente, maduro, cordial, tierno, un poco asustadizo y consentido, pero culto, muy culto, gran conversador y lleno de una energía que fue llenando los espacios que compartimos con tanta fraternidad.

Estuvo diez meses en esta locombia, diez meses bien vividos que le alcanzaron para estudiar, escribir, hacer muchos amigos, pasear, colaborar con las actividades en la universidad, rumbear. El primer fin de semana lo llevé a la Feria de las colonias, donde se enamoró de la música llanera, luego me acompañó a Ibagué, donde descubrimos un tema para ficcionar y reír: la tenebrosa entrada de un hostal con pretensiones de Hotel: el Hotel América.

Se fue haciendo imprescindible, hasta el punto de que no concebíamos una reunión o un paseo sin pensar en invitar al Ramón. Se hizo amigo de Yaneth y de mis hijos y de mis amigos y de mis estudiantes, gracias a esa capacidad de cambiar de vídeo cuando era necesario,. pues Ramón es capaz de hablar de música vieja y de rock metal o de la más fina poesía y de culinaria latinoamericana sin solución de continuidad. Eso hizo que Ramón fuera el amigo de todos

Su delgadez memorable no tuvo cambios a pesar de que aquí comió de todo: desde el más sano ajiaco bogotano hasta la fritanga más grasosa y nada, no logramos engordarlo. Y eso que se bebió la mitad de las reservas del licor bogotano: desde el wisky chiviado hasta cervecita de todas las marcas y pelajes, pasando por rones de todos los grados. Ni siquiera su sincero y pertinaz interés y práctica de un deporte tan exótico en la fría y aislada Bogotá como la natación (no salia de la piscina) hizo algún efecto sobre su escualidez. Pero su generosidad dio también para que nos ofreciera varias sesiones de maravillosa culinaria méxicana.

Pasó con nosotros la navidad y la noche de año viejo del 2009 y demostró que su estado físico no da ya para mucho, ni siquiera en su deporte favorito: el basquetbol. Pero nos enseñó más de una verdad: la verdad de la amistad sincera, de la calidez humana, del trato sin reservas, de la poesía más bella (no sólo su ya internacional Pubis al cielo, sino sus sonetos inéditos y los poemas que aquí escribió y que verán pronto la luz publica), del humor que deshace entuertos y de la paciencia; todas lecciones para la vida.

La confianza alcanzó para compartir secretos, para soñar proyectos y hasta para conocer su  vida personal, sus inquietudes, sus miedos, las dificultades familiares que no faltaron, su ser más  íntimo.

¡Y cómo despotricamos de dos cabrones tan cabrones como Calderón y Uribe!

Nos vas a hacer mucha falta cabrón, amigo, nos vas dejar muy solos, pero las puertas aquí, lo sabes, estarán siempre abiertas.

Un abrazo, y mi amistad eterna

Cuando un amigo se va…

Deseos, derrames cacofonías

En efecto, el asunto de las dimensiones físicas puede resultar una referencia demasiado abstracta (o elitista si se quiere), pero la propongo porque creo que me sirve para explicar esa sensación del escritor que de pronto descubre (tal vez porque las andaba buscando, como es mi caso) que hay otras posibilidades expresivas y después no puede dejar de usarlas, o mejor, ya no puede escribir como antes o sólo como antes porque siente que sus textos dejan de incluir las nuevas potencias descubiertas. De otro lado,  siguiendo a Pierre Lévy, la humanidad ha creado un “cuarto espacio antropológico” (con sus propias identidades, semióticas, tiempos, espacios, objetos y relaciones con el conocimiento) y éste nuevo espacio (del conocimiento lo llama Lévy, o cibercultura) está llamado a gobernar los anteriores. En ese espacio, la literatura se convierte en un arte de la cibercultura con sus correspondientes reconfiguraciones.
Sven Birkerts escribió en 1994 el libro Elegía a Gutemberg, como respuesta a la observación que él mismo sufría de una especie de agotamiento de las competencias literarias en sus jóvenes estudiantes- Birkerts es considerado el mayor promotor de la llamada “escuela elegiaca“, según la cual es necesario denunciar las pérdidas culturales a las que estamos enfrentados por la extensión de una cultura digital que estaría sustituyendo, sin una base sociológica adecuada, los valores propios de la cultura de la imprenta. Pues bien, no creo que la literatura sea tan “natural” como algunos afirman al enfrentarla con la nuevas expresiones diigtaless, todo lo contrario, es un error creer que la naturalidad con la que se manejan las tecnologías de la escritura y lectura tradicionales garantiza la competencia literaria, no lo creo, incluso creo que la escritura como dispositivo ha creado una barrera expresiva que las facilidades digitales de hoy estarían socavando. Ya hace más de 20 años, Alvin Kernan en su libro, la muerte de la literatura afirmaba con respecto al futuro de la literatura:
“A lo mejor desaparezca con la imposición de una cultura electrónica o a lo mejor quede reducida a un papel ceremonial o, en tanto acontecimiento histórico, quizás termine en el basurero de los sueños de la historia” .
En ese sentido, la literatura podría ser incluso más elitista como práctica hoy que el arte de la cibercultura

Lo que quiero decir es que el ciberespacio y la cibercultura no sólo no están lejos del alcance de la gente, sino que constituyen incluso el último refugio de la cultura popular, posibilidad real de empoderamiento (expresivo y creativo) del hombre común. Yo me sorprendo cada vez más con la cantidad de expresiones creativas que cada día encuentro como parte del proceso de apropiación de las tecnologías

Tengo una presentación que he llamado narrativas del ciberespacio en la que trato de consignar todo lo que encuentro en la red y la verdad es que no soy capaz de hacer un inventario ni siquiera abreviado de las posibilidades creativas que la gente ha abierto

En eso consistiría la dimensión práctica que de la cibercultura que algunos demandan; lo que pasa es que está ocurriendo en otro circuito, con otras dinámicas, con otros esquemas, con otros criterios, con otros actores distintos a los de la tradición literaria y por eso resultan relativamente “invisibles”, entre otras cosas porque se alejan del sistema productivo del que la literatura hace parte, son, desde el punto vista canónico, obras “menores”: bienes expresivos sin pretensiones, cuyo destino, gestión y alcance no están definidos ni por el ánimo de lucro, ni por un vínculo laboral que prescribe y obliga a realizar la obra, ni por las complejas dinámicas de cooperación y competencia que fuerzan cualquier campo de producción simbólica en las artes; no responden necesariamente a una continuidad del campo literario, aunque si lo impactan (y lo hacen sistemáticamente)

Y aunque no quiero pecar de vanidoso, mi propia trayectoria podría ilustrar la forma como se vuelven prácticas creativas las potencias comunicativas que hoy se abren con las nuevas tecnologías digitales. Sé que mi obra es un ejemplo modesto, pero ilustrativo del escribir en la otra dimensión-

Estética PiCHiRri

Me he dado cuenta de que en mi propia escritura suelen reflejarse tres actitudes: el esfuerzo poético, el humor y la reflexión. Pues bien, a esa combinación de poesía, chiste y pensamiento la he querido llamar “estética pichirri”. No siempre se da una perfecta combinación de las tres dimensiones, es cierto, en algunos casos, lo poético prima, en otros, el humor manda la parada y en otros la reflexión se lleva los aplausos; sin embargo, siempre intento dosificar en mis escritos cada uno de los ingredientes. Y como en la cocina a veces se me va la mano con la pimienta, a veces con la experimentación de sabores y colores y otras con el valor nutritivo. Lo que tal vez no puede faltar nunca es un sentido claro del mensaje que quiero brindar y una voluntad de juego (voluntad que combina el sentido poético y lùdico) no solo con la palabra, sino con las extensiones hipertextuales y con las posibilidades multimediales que ofrece la red.

Eso entonces, la presencia dosificada de los tres ingredientes y la voluntad de experimentación con lo digital es lo que tal vez pueda caracterizar mejor mi estática pichirri

Del escribir en la cuarta dimensión

Así describo en un artículo la situación de bloqueo que padecemos los escritores que nos hemos atrevido a hacer uso de las extensiones que ofrecen las llamadas nuevas tecnologías:

Me encuentro en el estudio de mi casa, sufriendo el famoso síndrome de la página en blanco. Sólo que al frente no tengo ni un cuaderno, ni unaresma de papel, ni una máquina de escribir, sino la pantalla de un computador portátil que muestra la típica interfaz del tablero de administración de una plataforma de blogs. Llevo ya varios minutos intentando escribir el título de mi “entrada”, sinéxito; tampoco he podido empezar a llenar la plantilla de contenidos. Estoy “varado” en medio del camino creativo, pero no por falta de ideas o por desconocimiento del oficio (la publicación de tres novelas y de dos libros de relatos me ubican, sin ambages, en el “campo” de los escritores), sino por la dificultad que encuentro para tomar decisiones sobre la mejor manera de articular las distintas fuentes de información de las que me he armado para construir la entrada.Tengo abiertos en mi explorador la página de búsquedas de Google, la página de YouTube donde he construido mi propio canal, el portal de Facebook en la página del grupo que me acompaña en esta empresa (narrar el planeta nómada), un portal de podcasts donde he seleccionado varias audioconferencias, y varias páginas de información (incluida la correspondiente en Wikipedia), del tema sobre el que quiero hacer la entrada; también están en proceso de descarga dos videos y varias canciones en formato mp3 y, debido a que no alcancé a copiar en mi usb algunos archivos que ahora debo consultar, estoy conectado remotamente al computador de mi oficina, donde busco lo que necesito. De fondo suena la música de una emisora de música clásica que emite vía web.

Pero eso no es todo; en este momento escucho la voz de un amigo mexicano (a quien no conozco personalmente), quien me anuncia por Skype que ha enviado por el chat varios enlaces a su página personal, donde ha escrito sobre el asunto que estoy desarrollando y que puedo hacer uso libre de los contenidos; que puedo hacer enlaces desde mi blog, que haga lo que quiera con eso, que ese es mi rollo; sólo quiere que le cuente cómo me termina yendo. No acabo de despedirme del manito, cuando suena mi Iphone: recibo un mensaje sms que contiene un video callejero enviado por mi esposa, mi cómplice, y que llega simultáneamente como draft a mi blog.

He querido comparar esta situación con la del visitante de la cuarta dimensión. Según la explicación que ha ofrecido Carl Sagan en su ya famosa presentación de las dimensiones físicas, pertenecer a un universo con ndimensiones  nos condiciona a percibir y a vivir de una manera determinada el mundo, sólo que entre mayor es “n” más amplio y mejor es la percepción y el conocimiento; de manera que nosotros, los habitantes de un universo de tres dimensiones, podemos (siguiendo lo que nos enseña el video que sigue) apreciar y comprender el limitado mundo de planilandia (mundo de dos dimensiones), pero sólo podemos pensar o proyectar los objetos y seres de la cuarta dimensión

La perspectiva que yo planteo es que con el advenimiento del llamado ciberespacio hemos descubierto una cuarta dimensión para la expresión que se suma (sin eliminar) a las anteriores: la oralidad, la escritura y el hipertexto. Esa cuarta dimensión exige otras maneras de entender la expresividad (algo que reseño en el artículo: El arte de la cibercultura) y reconfigura la operatividad misma del hacer creativo:

Las obras de la cibercultura no fomentan mensajes acabados, no se cierran, son por eso obras-acontecimiento, obras-proceso, obras-metamórficas conectadas, atravesadas, infinitamente reconstruidas y el acto de  creación por excelencia consiste en hacer el acontecimiento, aquí y ahora, para una comunidad; incluso en construir el colectivo para quien ocurrirá el acontecimiento. En ese ambiente los valores de la intención del autor y de la extensión por grabación quedan desvanecidos en favor de una inmanencia radical que promueve conexiones entre mundos heterogéneos y una dinámica autoorganizadora en el que la obra se actualiza socialmente a través de la vida de las comunidades virtuales, cognitivamente por los procesos de inteligencia colectiva y semióticamente bajo la forma del metamundo virtual de la web

Ahora, la cuarta dimensión de la que hablo podría equipararse en su aspecto epistemológico al llamado cuarto espacio antropológico que define Pierre Lévy, con su propios instrumentos de navegación (los mundos virtuales), con sus propios objetos (las configuraciones dinámicas de colectivos sujetos-objetos-lenguajes), con sus propios sujetos (los colectivos inteligentes), con su propia epistemología (la práctica social del saber como continuum, viviendo en constante metamorfosis, la filosofía de la implicación), con su propio soporte (la cosmopedia: espacio multidimensional de representaciones dinámicas e interactivas, de fronteras inestables, y mapas en redefinición constante, una topología constante y dinámica, en la que toda lectura es escritura); y también con su propio horizonte de eternidad, con su dependencia de los otros espacios, vinculándose con ellos armónicamente (por deseos y derrames) o sufriendo la cacofonía de los espacios de abajo que quieren dirigirlo y violentarlo

Propongo entonces que un “escritor” de la cuarta dimensión, un artista de la cibercultura, un coautor de la cosmopedia sólo puede mirar hacia el oeste: en busca del océano vacío, inexplorado, de los grandes descubrimientos. El Oeste: convocatoria para la partida, silencioso llamado para la apertura de un nuevo espacio. En esa exploración este escritor hace uso de los nuevos soportes digitales no tanto para experimentar con ellos, como para convertirse en pasador, en enlace, en mediador hacia la escritura del porvenir, haciendo eco al llamado del nuevo espacio que planta Lévy:

En lugar de ampliar las fortalezas del poder, refinemos la arquitectura del ciberespacio, el último laberinto. En cada circuito integrado, en cada chip electrónico se ve y no se sabe leer la cifra secreta, el emblema complicado de la inteligencia colectiva, mensaje irénico disperso al viento

Para terminar, por ahora, esta cómica visión de la transición de dos espacios socio técnicos:

Algunos rasgos de nuestra cultura contemporànea

choque de civilizaciones


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