De la euforia a la melancolía (para leer escuchando Soledad, de Jorge Drexler con María Rita)

Esa soledad que se siente al alejarse de aquello que más quieres. De esa soledad implacable, que a base de convivencia acaba siendo una compañera de viaje refunfuñona, pero a la que te acostumbras. De esa soledad, habla y siente esta canción que me inunda de soledad.

Digamos que de la euforia a la melancolía median pocos escalones: Cuando la euforia deja de nublar al resto de los sentidos se percibe una ligera inquietud. Esta deja paso al realismo, que suele venir acompañado de cierta dosis de tristeza. De ahí a la melancolía sólo queda un peldaño más. En cambio, el camino inverso es mucho más corto. De la melancolía a la euforia sólo hay un paso: el que separa a tus ojos de los míos.

En esa distancia, tan corta y tan infinita a la vez, sólo me acompaña la soledad.

“Ya pasó
ya he dejado que se empañe
la ilusión de que vivir es indoloro.
Que raro que seas tú
quien me acompañe, soledad,
a mi, que nunca supe bien
cómo estar solo”.

(Soledad. Jorge Drexler)

Instinto natural

Vaca y ternero

El instinto natural no se rige por normas, tampoco las de circulación. Por eso, en medio de una carretera, una vaca alimenta a su ternero y los coches esperan. Hay prioridades.

Objetos cadáver

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Los objetos yacen cadáveres cuando nos resultan inservibles. Una ráfaga de viento les arrebata su utilidad y nuestro apego. Los abandonamos sin más. No hay velatorio, ni entierro para ellos. Nos da igual que un día nos protegieran de tormentas o miradas, que salvaran nuestro peinado o nuestro vestido. Un mal día, y su intimidad queda al descubierto, y su razón de ser se estrella contra el bordillo de una calle.


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Responsable: Jaime Alejandro Rodríguez Ruiz

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