A propósito de mi experiencia 11S, 10 años después
La pregunta que me han hecho es: ¿Y la literatura qué? En lo personal creo que la literatura ha cumplido su papel, dando cuenta de los hechos, de sus consecuencias y de sus perspectivas acudiendo a las microhistorias: las de los inmolados, las de los sobrevivientes, las de los victimarios, las de los espectadores de ese show que fueron los ataques a USA el 11S.
De entre las novelas que hemos podido conocer y que de alguna manera han tomado como referente la tragedia del 11 de septiembre se deben nombrar, la de Updike, Terrorista; la de Delillo, Failing man, la de McEwan, Sábado, la de Auster, Un hombre en la oscuridad y la de Roth, Sale el espectro, además de la gran cantidad de crónicas y relatos de toda índole que se ha publicado sobre la innumerable cantidad de testimonios tantos como “vidas” se pueden agrupar alrededor de los hechos. Una fácil cuenta: si son más o menos tres mil las víctimas, son más o menos tres mil las novelas por conocer.
De otra manera, la literatura en su vertiente reflexiva ha dado muy buenas muestras. Para mencionar tres buenos ejemplos: Diario de guerra: el mundo después del 11 de septiembre de Marc Augé, Factor Dios de Saramago y 11 de septiembre de 2011 del siempre lúcido Noam Chomsky.
Pero creo que los hechos, que algunos han considerado como los que realmente inauguran el tercer milenio, han tenido su mejor expresión, rememoración y reflexión en formatos del tercer milenio: algunas películas (WTC, Flight 93, 11´09″ 01), varios documentales y series televisivas, videojuegos, videoclips, blogs…
y esa maravillosa videoedición que realizó History Chanel con la que ya se dijo todo: 102 minutos que cambiaron el mundo.

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