Muchos cuestionamientos, muchas expresiones inesperadas, muchos resentimientos flotando, muchas verdades no dichas ha dejado está inédita protesta que completa ya casi una semana en Bogotá.
Fuertes intereses en conflicto (el más obvio de ellos, el que surge del choque entre una administración que quiere modernizar la ciudad y un grupo que se resiste). Y como siempre, en medio, los ciudadanos, los usuarios a quienes no sólo no se les consulta, sino que se convierten en el parapeto contra el que llegan todos los palos de ciego, como en una piñata cuyo inexorable destino será siempre su despedazamiento. ¿Y quién va a recoger los pedazos? ¿Y quién va saturar las fracturas?
El rostro de ese hombre que fugazmente aparece en algún noticiero ha puesto a prueba mi aguante. Debe tener unos sesenta años y según sus palabras lleva cuarenta conduciendo buses porque nunca tuvo la oportunidad de aprender otro oficio, tampoco de comprar su propio vehículo o de independizarse, y ahora su patrón, un dizque pequeño propietario, simplemente no lo emplea. Lleva por eso cuatro días sin llevar nada a su casa, porque el patrón nunca ha tenido la conciencia de adscribirlo a la seguridad social. Qué se pongan la mano en el corazón, suplica el hombre ante una cámara televisiva esquiva, interesada más en mostrar la refriega entre jóvenes y policías que en la dolorosa historia de este hombre.
No sé si el último vistazo del ojo electrónico dejó ver sus lágrimas, pero yo estoy seguro que él las ha derramado, y esa sola posibilidad, la de ver a un hombre maduro llorando, víctima de la prepotencia de dos poderosos pelando y de la indiferencia de los demás, ha hecho que yo también me sume al paro.
Pero mi paro, mi protesta es por el silencio de los siempre vencidos, de los siempre lastimados que hoy tampoco tienen su cuarto de hora para anunciar al mundo la verdadera injusticia, la de unos explotadores a los que no les importa la suerte de sus empleados y la de unos funcionarios a los que sólo les interesa cumplir las metas de gobierno
De paro está mi aguante…
Postdata del 5 de marzo: El paro ha sido levantado, mi personaje quizás ya esté más tranquilo, pero mi corazón sigue en paro

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