En efecto, el asunto de las dimensiones físicas puede resultar una referencia demasiado abstracta (o elitista si se quiere), pero la propongo porque creo que me sirve para explicar esa sensación del escritor que de pronto descubre (tal vez porque las andaba buscando, como es mi caso) que hay otras posibilidades expresivas y después no puede dejar de usarlas, o mejor, ya no puede escribir como antes o sólo como antes porque siente que sus textos dejan de incluir las nuevas potencias descubiertas. De otro lado, siguiendo a Pierre Lévy, la humanidad ha creado un “cuarto espacio antropológico” (con sus propias identidades, semióticas, tiempos, espacios, objetos y relaciones con el conocimiento) y éste nuevo espacio (del conocimiento lo llama Lévy, o cibercultura) está llamado a gobernar los anteriores. En ese espacio, la literatura se convierte en un arte de la cibercultura con sus correspondientes reconfiguraciones.
Sven Birkerts escribió en 1994 el libro Elegía a Gutemberg, como respuesta a la observación que él mismo sufría de una especie de agotamiento de las competencias literarias en sus jóvenes estudiantes- Birkerts es considerado el mayor promotor de la llamada “escuela elegiaca“, según la cual es necesario denunciar las pérdidas culturales a las que estamos enfrentados por la extensión de una cultura digital que estaría sustituyendo, sin una base sociológica adecuada, los valores propios de la cultura de la imprenta. Pues bien, no creo que la literatura sea tan “natural” como algunos afirman al enfrentarla con la nuevas expresiones diigtaless, todo lo contrario, es un error creer que la naturalidad con la que se manejan las tecnologías de la escritura y lectura tradicionales garantiza la competencia literaria, no lo creo, incluso creo que la escritura como dispositivo ha creado una barrera expresiva que las facilidades digitales de hoy estarían socavando. Ya hace más de 20 años, Alvin Kernan en su libro, la muerte de la literatura afirmaba con respecto al futuro de la literatura:
“A lo mejor desaparezca con la imposición de una cultura electrónica o a lo mejor quede reducida a un papel ceremonial o, en tanto acontecimiento histórico, quizás termine en el basurero de los sueños de la historia” .
En ese sentido, la literatura podría ser incluso más elitista como práctica hoy que el arte de la cibercultura
Lo que quiero decir es que el ciberespacio y la cibercultura no sólo no están lejos del alcance de la gente, sino que constituyen incluso el último refugio de la cultura popular, posibilidad real de empoderamiento (expresivo y creativo) del hombre común. Yo me sorprendo cada vez más con la cantidad de expresiones creativas que cada día encuentro como parte del proceso de apropiación de las tecnologías
Tengo una presentación que he llamado narrativas del ciberespacio en la que trato de consignar todo lo que encuentro en la red y la verdad es que no soy capaz de hacer un inventario ni siquiera abreviado de las posibilidades creativas que la gente ha abierto
En eso consistiría la dimensión práctica que de la cibercultura que algunos demandan; lo que pasa es que está ocurriendo en otro circuito, con otras dinámicas, con otros esquemas, con otros criterios, con otros actores distintos a los de la tradición literaria y por eso resultan relativamente “invisibles”, entre otras cosas porque se alejan del sistema productivo del que la literatura hace parte, son, desde el punto vista canónico, obras “menores”: bienes expresivos sin pretensiones, cuyo destino, gestión y alcance no están definidos ni por el ánimo de lucro, ni por un vínculo laboral que prescribe y obliga a realizar la obra, ni por las complejas dinámicas de cooperación y competencia que fuerzan cualquier campo de producción simbólica en las artes; no responden necesariamente a una continuidad del campo literario, aunque si lo impactan (y lo hacen sistemáticamente)
Y aunque no quiero pecar de vanidoso, mi propia trayectoria podría ilustrar la forma como se vuelven prácticas creativas las potencias comunicativas que hoy se abren con las nuevas tecnologías digitales. Sé que mi obra es un ejemplo modesto, pero ilustrativo del escribir en la otra dimensión-


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